¿Quién soy yo? ¿Cara o cruz?

Efraín Huerta, Max Aub y León Felipe

Yo no sé muchas cosas es verdad. Pero me han dormido con todos los cuentos… Y sé todos los cuentos.

Algunos de sus biógrafos, y queda reflejado en ciertos libros de frases célebres, que fue León Felipe quien dijo que “Los grandes poetas no tienen biografía, tienen destino”. Y esto nos puede llevar a la consideración de que el poeta argumentaba la frase en su propia existencia, su propia vida; porque le vida del poeta zamorano fue un permanente seguimiento sobre el destino que aquélla le fuera deparando. Destino casi siempre nómada, volátil, andarín y trotamundos, voluntario en su principio, obligatorio y forzoso en su tercio final. 

En él podemos apreciar desde el niño León Camino Galicia de la Rosa, que naciera 1884 en la Zamorana Villa de Tábara, hasta el hombre que falleciera 1968 en la ciudad de México, pasando por el circunstancial farmacéutico de un pueblo castellano-manchego, y aquél que en época republicana se identificara plenamente con su gobierno, y siempre llevara consigo la identidad del gran poeta León Felipe, que aseguraba no tener biografía.  La existencia echó candado en el conjunto unitario del hombre y el soñador, sin que separarse pudiera jamás uno del otro.  Si esta simbiosis no fuera una evidencia, suponemos que alguien pensaría que no tenemos razón ahora para recordarla pluralmente en La Alcazaba; por eso redundo en su doble unidad.  
Inquieto desde su adolescencia el joven hizo honor a su verdadero apellido y se lanzó camino adelante con una compañía de teatro ambulante. Su ilusión crece entre los cómicos de la lengua. Pero no serían luego ilusión los tres años de cárcel que habría de pagar, acusado de desfalco. Tropiezo o engaño que no arredra al joven, quien sigue haciendo camino por tierras de España, casi siempre en busca de utópicos idealismos, con los que habría de enfrentarse. Amores, mujeres, aventuras, pensiones de mala muerte (“en un pueblo de La Alcarria, hay una casa en la que estoy de posada”), estrecheces y bohemia en un Madrid de prostitutas y mendigos.  La juventud ayuda al poeta para ir escribiendo su biografía, esa que de mayor dice no tener.
 
 
« ¿QUIÉN SOY YO? ¿CARA O CRUZ? »
 
1. El poeta y el filosofo  
  
Yo no soy el filósofo.

            El filósofo dice:  Pienso… luego existo.

            Yo digo: Lloro, grito, aúllo, blasfemo… luego existo.

            Creo que la Filosofía arranca del primer juicio. La poesía, del primer lamento. No sé cuál fue la palabra primera que dijo el primer filósofo del mundo. La que dijo el primer poeta fue: ¡Ay!

¡Ay!

Éste es el verso más antiguo que conocemos. La peregrinación de este ¡Ay! por todas las vicisitudes de la historia, ha sido hasta hoy la Poesía. Un día este ¡Ay! se organiza y santifica. Entonces nace el salmo. Del salmo nace el templo. Y a la sombra del salmo ha estado viviendo el hombre muchos siglos.          

            Ahora todo se ha roto en el mundo. ¡Todo! Hasta las herramientas del filósofo, y el salmo ha enloquecido: se ha hecho llanto, grito, aullido, blasfemia… y se ha arrojado de cabeza en el infierno. Aquí están ahora los poetas. Aquí estoy yo por lo menos.

            Éste es el itinerario de la Poesía por todos los caminos de la Tierra. Creo que no es el mismo que el de la Filosofía. Por lo cual no podrá decirse nunca: éste es un poeta filosófico.

            Porque la diferencia esencial entre el poeta y el filósofo no está, como se ha creído hasta ahora, en que el poeta hable con verbo rítmico, cristalino y musical, y el filósofo con palabras abstrusas, opacas y doctorales, sino en que el filósofo cree en la razón y el poeta en la locura.

            El filósofo dice:

            Para encontrar la verdad hay que organizar el cerebro.

            Y el poeta:

            Para encontrar la verdad hay que reventar el cerebro, hay que hacerlo explotar. La verdad está más allá de la caja de música y del gran fichero filosófico.

            Cuando sentimos que se rompe el cerebro y se quiebra en grito el salmo en la garganta, comenzamos a comprender. Un día averiguamos que en nuestra casa no hay ventanas. Entonces abrimos un gran boquete en la pared y nos escapamos a buscar la luz desnudos, locos y mudos, sin discurso y sin canción.

            Además, los poetas sabemos muy poco. Somos muy malos estudiantes, no somos inteligentes, somos holgazanes, nos gusta mucho dormir y creemos que hay un atajo escondido para llegar al saber.

            Y en vez de meditar como el filósofo o de investigar como los sabios, ponemos nuestros grandes problemas en el altar de los oráculos o dejamos que los resuelva aleatoriamente una moneda de diez centavos.

            Y decimos, por ejemplo: Puesto que no sé quién soy… que lo decida la suerte.

            ¿Cara o cruz? 

2. ¿Cara o Cruz? ¿ Águila o Sol? 

Filósofos, para alumbrarnos, nosotros los poetas

quemamos hace tiempo el azúcar de las viejas canciones con un poco de ron.

Y aún andamos colgados de la sombra.

Oíd,

gritan desde la torre sin vanos de la frente:

¿Quién soy yo?

¿Me he escapado de un sueño o navego hacia un sueño?

¿Huí de la casa del Rey o busco la casa del Rey?

¿Soy el príncipe esperado o el príncipe muerto?

¿Se enrolla o desenrolla el film?

Este túnel ¿me trae o me lleva?

¿Me aguardan los gusanos o los ángeles?

Mi vida está en el aire dando vueltas.

¡Miradla, filósofos, como una moneda que decide! ¿Cara o cruz?

¿Quién quiere decirme quién soy?

¿Oísteis?

Es la nueva canción, y la vieja canción,

¡nuestra pobre canción!

¿Quién soy yo?…  ¿Águila o sol?

–Mirad. Perdí… Filósofos, perdí.

Yo no soy nadie.

Un hombre con un grito de estopa en l garganta y una gota de asfalto en la retina.

Yo no soy nadie.

Y no obstante, estas manos, mis antenas de hormiga,

            han ayudado a clavar la lanza en el costado del mundo

            y detrás de la lupa de la luna hay un ojo que me ve

            como a un microbio royendo el corazón de la Tierra.

Tengo ya cien mil años y hasta ahora no he encontrado otro mástil más fuerte

que el silencio y la sombra donde colgar mi orgullo;

            tengo ya cien mil años y mi nombre en el cielo se escribe con lápiz.

El agua, por ejemplo, es más noble que yo.

Por eso las estrellas se duermen en el mar y mi frente romántica es áspera y opaca.

Detrás de mi frente –filósofos, escuchad esto bien–,

detrás de mi frente hay un viejo dragón:

El sapo negro que saltó de la primera charca del mundo y está aquí, aquí, aquí,

agazapando en mis sesos, sin dejarme ver el Amor y la Justicia.

 Yo no soy nadie, nadie.

Un hombre con un grito de estopa en la garganta y una gota de asfalto en la retina…

Yo no soy nadie, filósofos… Y éste es el solo parentesco que tengo con vosotros.- 

+info: http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1698 

√ Antología rota: (comprarhttp://www.gandhi.com.mx/index.cfm/id/Producto/dept/libros/pid/451764 

Articulo: http://periodismohumano.com/culturas/los-exiliados-espanoles-que-revolucionaron-las-letras-mexicanas.html

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