Pornografía

Lo que es pornografía para un hombre, para otro es risa del genio. 

          David Herbert Lawrence

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PORNOGRAFÍA – Texto rescatado de CAOS – Los pesquines del anarquismo ontológico 

En Persia VI que la poesía está hecha para incorporarse a la música y para entonarse o  cantarse; por una sola razón: porque funciona. Una combinación propicia de imagen y melodía sumerge a la audiencia en un hal (algo entre  un estado de ánimo estético/emotivo y un trance de hiperconsciencia), arrebatos de llanto,  posesiones de baile; una respuesta física mensurable al arte. Para nosotros el eslabón entre  la poesía y el cuerpo se perdió con la era bárdica; leemos bajo la influencia de un anestésico  gas cartesiano.

En el norte de la India hasta la recitación no musical provoca ruido y movimiento, cada buen pareado se aplaude, “¡Wa! ¡Wa!” con gesticulación elegante, arrojando rupias;  mientras nosotros escuchamos poesía como si fuéramos una especie de cerebro de ciencia  ficción en un bote; todo lo más una risita forzada o una mueca, vestigio de un rictus  simiesco; el resto del cuerpo en algún otro planeta. En el Este los poetas son a veces encarcelados –una especie de cumplido, ya que sugiere  que el autor ha hecho algo al menos tan real como el robo o la violación o la revolución.  Aquí a los poetas se les permite publicar absolutamente cualquier cosa-  -una especie de castigo en efecto, prisión sin paredes, sin ecos, sin existencia palpable; reino de las  sombras de la publicación, o del pensamiento abstracto; un mundo sin riesgo ni eros.

 Así es que la poesía está muerta una vez más; e incluso si la momia de su cadáver retiene  alguna de sus propiedades curativas, la auto-resurrección no es una de ellas. Si los legisladores rehusan considerar los poemas como crímenes, entonces alguien tendrá  que cometer crímenes que sirvan la función de la poesía, o textos que posean la resonancia  del terrorismo. Reconectar a cualquier precio la poesía al cuerpo. No crímenes contra los  cuerpos, sino contra las Ideas (y contra las Ideas en las cosas) que son mortales y  sofocantes. No estúpido libertinaje sino crímenes ejemplares, crímenes estéticos, crímenes  pasionales. En Inglaterra ciertos libros pornográficos están todavía prohibidos. La  pornografía tiene un efecto físico mensurable sobre sus lectores. Al igual que la propaganda  es capaz de cambiar vidas al descubrir verdaderos deseos.

Nuestra cultura saca la mayor parte de su porno del odio al cuerpo; pero el arte erótico  constituye en sí mismo un extraordinario vehículo para el estímulo del ser/la conciencia/la felicidad –como ocurre con ciertas obras orientales. Una especie de porno tántrico  occidental puede ayudar a galvanizar el cadáver, a hacerlo brillar con algo del atractivo del  crimen.

 Norte América tiene libertad de expresión dado que todas las palabras son consideradas igualmente triviales. Sólo las imágenes cuentan; a los censores les fascinan los retazos de  muerte y mutilación pero retroceden horrorizados a la vista de un niño masturbándose; aparentemente experimentan esto como una invasión de su validez existencial, de su  identificación con el Imperio y los más sutiles de sus gestos. No hay duda que ni el porno más poético haría jamás revivir el cuerpo sin rostro para que  cantara y bailara (como el pájaro-Caos chino) pero imagínate un guión para una película de tres minutos que transcurre en una mítica isla de niños fugitivos que habitan las ruinas de viejos castillos o construyen cabañas tótem y nidos ensamblados con chatarra; una mezcla de animación, efectos especiales, infografía y vídeo en color; editado con el dinamismo de  un anuncio de comida rápida… Pero misteriosos y desnudos, plumas y huesos, tiendas cosidas con cristal, perros negros, sangre de paloma; flashes de miembros ámbar enredados en las sábanas; caras  enmascaradas de estrellas besando suaves pliegues de piel; piratas andróginos, rostros  náufragos de colombinas durmiendo sobre flores de muslo blanco; graciosos chistes guarros de meado, lagartos amaestrados bebiendo a lengüetadas leche derramada; break dancing en cueros; bañera victoriana con patos de goma y meteduras de pata rosa; Alicia en  ganja, punk,  reggae atonal adaptado a gamelán, (Instrumento tradicional javanés; también un tipo de orquesta común en el sudeste asiático que usa instrumentos de  arco, flautas y abundante percusión para crear ritmos altamente complejos.) sintetizador, saxofón y percusión; letras de  boogie eléctrico cantadas por un etéreo coro de niños; letras ontológico anarquistas, un  cruce entre Hafez y Pancho Villa, Li Po y Bakunin, Kabir y Tzara; llámalo “¡CAOS, el video musical!”

No… seguramente tan sólo es un sueño. Demasiado caro de producir, y además ¿quién lo  vería? Desde luego no los niños a los que pretendía seducir. La TV pirata es una sutil fantasía, el rock sólo es otra mercancía; olvida pues la elegante gesamtkunstwerk “La obra de arte total”. Siembra un parque de recreo con obscenos folletines incendiarios; pornopropaganda, un chiflado samizdat para liberar el deseo de su yugo. 

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