OíraDaríO

DARÍO LANCINI [Caracas 1932-2010]. Pintor y poeta palindromista y reformador del ejercicio lúdico de la palabra poética. Formó parte del grupo de izquierda Tabla Redonda, junto a Rafael Cadenas, Arnaldo Acosta Bello, Salvador Garmendia. En 1975, Lancini publicó un conjunto de palíndromos poéticos titulado Oír a Darío, un libro único en la tradición de la poesía venezolana y un hito maravilantemente móvil. 

No sabemos en cuál momento dejó Darío la pintura por la escritura. Ni cuál hubiera sido su destino de no haberlo hecho. Como sea, de pronto nos sorprendió con su OÍR A DARÍO, un hecho único en la historia del idioma. Entre los muchos atributos que hacen su singularidad está la posibilidad de medir con objetividad cuánto en verdad tiene de singular. Tal vez suene al lector un insoportable egocentrismo del autor proponer, en el título mismo del libro, que se le escuche. Escuchar, en este caso, no es necesariamente una especie de sinónimo de leer, sino que quiere decir eso, que se le oiga. Porque, adelantándose en mucho a lo planteado por García Márquez en Zacatecas, Darío Lancini no prescinde de la ortografía, sino que la pone a su servicio, para darnos este libro cuya singularidad se puede comprender al decir que se trata de un libro único no sólo en la bibliografía venezolana, sino en la lengua castellana. Es una colección de poemas de una altísima calidad; pero a la vez, es un libro de palíndromos. Si se lee al derecho, se estará gozando de un hermoso texto poético; si se lee al revés, también. 

Pero Lancini escribió también muchos bifrónticos, textos de naturaleza homófona que cambian de sentido al modificarse la estructura de las sílabas: “Amo el mar y no su eco / Amo el marino sueco”. En un libro que deja inédito, y quizás inconcluso, titulado Logodédalo —presentado en el número 3 de la revista de poesía El Salmón—, incluye textos bifrónticos como este: “El mar y no tu telar. / El mar y no el ejido, el mar y no su eco. / Su cumbia y no su fría razón ando / buscando. Su eco sensual malográndose oí. / Oí el mar y no su cítara. Oh, Dios, ¿si / con su sal forja cien aguas / el mar y no tu telar, / se asea la mariposa encubierta?”.  Que se lee igual, pero adquiere otro significado, de esta forma: “El marino tutelar. / El marino elegido, el marino sueco. / Sucumbía y no sufría razonando. / Buscan dos huecos en su alma logran doce, oh. / Y hoy el marino sucitará odios, ¿si / con sus alforjas y enaguas / el marino tutelar / se hace a la mar y posa en cubierta?”

 Ayer lear era el Sol / Lear aparecerá / Para ellos, Lear era el Rey. 

 

Carta de Julio Cortázar a Darío Lancini 

París, 13/03/1977

Amigo Darío Lancini, acabo de recibir por Sergio Pitol su maravilloso OIRADARIO. Gracias, muchas gracias por estas horas fascinantes que he pasado con su libro, un libro interminable porque se vuelve a él una y otra vez, a solas y con los amigos, en plena calle, en pleno sueño.

Me ha hecho usted un regalo que no olvidaré nunca. Al mostrarnos así las dos caras del espejo, nos enriquece en poesía, nos entraña aún más en el vértigo de la palabra. Gracias, Con un abrazo, su amigo.

JULIO CORTÁZAR

 

http://www.eluniversal.com/2010/06/27/opi_art_dario-lancini,-maest_1947635.shtml  http://www.relectura.org/cms/content/view/844/83/

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