Las huellas que dejó tu café

L a s   h u e l l a s   q u e   d e j ó   t  u   c a f é  integran un universo de correspondencias reveladas en el acto de conversar y tomar café.  A partir de la exaltación del objeto (la taza de café), éste escapa de su insignificancia, se hace presente en la conversación, se apodera del protagonismo de la misma y, con todo su potencial matérico, produce un rastro. Terminada la charla, consumido el café, ausentes los testigos (los conversadores), la taza soberana se retira y sus huellas se convierten en el instrumento necesario para contar la historia de lo sucedido.

Las huellas brotan como verdades que nos cuentan la historia de un lugar perdido, llenando una ausencia.

 La transformación de la taza es gradual y bajo esta coherencia es que se divide la exposición en tres etapas:

 “Objeto fluyendo I Y II” reúne las huellas del ejercicio lúdico y experimental con el que se tomó conciencia del objeto. Son piezas colaborativas en las que se explora el cuerpo de la taza, la sutileza del primer desbordamiento y la libertad posterior para extenderla a capricho sobre el lienzo, haciéndola conquistar espacios y ocupar tiempos; la taza entra en movimiento y concursa simultánea y libremente con la circunstancia. El objeto existe y participa en la conversación.

“Nuestra taza de café” es la etapa que ocurre una vez conscientes de la materialidad de la taza. En esta fase, el objeto y sus huellas cobran vivacidad y  extravagancia. La taza ya no puede pasar desapercibida, su presencia se va sobrecargando de sentido y aunque se desborde, como en la etapa anterior, guardará un significado confidencial e íntimo, resultado de la pasión surgida entre ella y quien se cree su dueño, quien la bebe, pasea e impulsa. Para expresar estos excesos percibidos en el objeto, las huellas, es decir, las representaciones, exigen ser intervenidas. Las obras que componen esta sección son también colaborativas y a través de la intervención, que no es otra cosa que apropiación de las huellas, presenciamos la vida privada del objeto.

Finalmente, “Mi taza de café” es la conversión del acto cotidiano y vulgar en el acto ritual y trascendente. El objeto ya fijado en el ámbito de lo personal y de lo subjetivo, hace reincidir a su amo en la acción de beber café y de significar al objeto para luego deslizarse en soledad con la huella. Es esta reincidencia casi amorosa la que sublima la acción, profetiza en la futura huella un recuerdo y engendra un vehemente acto ritual.

 Al enfrentarse con las obras, se sugiere que los visitantes entablen un diálogo propio con las huellas y que re-signifiquen aquello que alguna vez registró: momentos condensados de una rutina pasada, de un lugar ausente y de un sentimiento paralizado.

Las huellas que dejó tu café. Una obra de Beatriz Rivas.  Texto y curaduria: Carolina Rodríguez Návarez

+ Huellas de café.  / Hace + de un año. 

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