Donde el agua se junta con otras aguas

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Raymond Carver, Port Angeles, Washington. (1984)

¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? 

Raymond Carver. Nace en Clatskarie, Oregón, 1938. Primer hijo de Clevie Raymond Carver y Ella Beatrice Casey. Detesta que todo el mundo le llame Raymond Carver “Junior”, excepto su padre, que le llama “Rana”. Se casa a los dieciséis años y poco después ya es padre de dos hijos. Empieza a beber sin control y a provocar broncas descomunales tanto en casa como en los bares. Va dando tumbos de un trabajo ocasional a otro. Su padre, socarrón, empieza a llamarle “Doc”.

Una mañana de 1956 se acerca en coche a la parte alta de Yakima, pequeña ciudad al este de Washington, para entregar un pedido de la farmacia en la que trabaja como repartidor. Mientras espera a la puerta que el anciano propietario de la casa busque su chequera, le llama la atención que haya tantos libros esparcidos por todas partes. Su mirada se posa en una revista sobre la mesa del comedor. Es la primera vez que ve una de esas revistas de poca circulación. Es un ejemplar de Poetry. El anciano introduce el cheque en ella: “Llévatela, hijo. A lo mejor un día escribes algo y no sabes adónde mandarlo”. Esa noche apenas duerme. Lee una y otra vez las cartas y los poemas de Ezra Pound, sus postulados, lo que se debe y no se debe hacer al escribir. El ejemplar incluye también análisis y discusiones de los diversos movimientos poéticos del siglo. Percibe que esa noche su vida está dando un giro, que toma perspectiva, que remiten los latidos en la sien. El mundo es una amenaza para muchos de los personajes de mis historias. La gente que elijo para escribir sobre ella siente una amenaza, y creo que la mayoría de la gente siente el mundo como un lugar amenazante. Saber contarlo, ése será el reto del nuevo día.

El 2 de Junio 1977 Raymond Carver nace por segunda vez. Una propina: diez años más de vida, toma su ultima copa cuando conoce a Tess Gallagher y, a partir de entonces, con gusto hubiera titulado a todos sus poemas Felicidad. Viven juntos en  Ridge House, Port Angeles, cerca del embarcadero. Le gusta escuchar emisoras musicales por la noche, leer párrafos sueltos de Abel Martin. Se aficiona a la pesca, sigue de lejos los resultados del béisbol. Viven en calma, una calma, que como la luz del embarcadero, activa la lucidez de su vida en común. Vive su propina con una sola premisa inscrita en el mechero: AHORA.

Autor de un volumen de relatos titulado ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? (1976), el cambio vital que experimenta Carver a principios del verano de 1977 facilita una apertura de horizontes, desaparece el embudo de las obligaciones familiares que le atosigan. Su nueva vida en Port Angeles junto a Tess Gallagher le distancia de su pasado, le hace más receptivo y propicia su época más creativa. Invierte la propina en sus mejores libros: De qué hablamos cuando hablamos de amor (1981), Catedral (1983), Bajo una luz marina (1986) y Un sendero nuevo a la cascada (1989).

Siempre me ha parecido que la poesía en su efecto y en la manera en que se compone, se encuentra más cerca de un relato que el relato de una novela.

Raymond Carver muere en Ridge House en 1988. Desde entonces se gana la vida guardando de peligro a Tess Gallagher, cerca de Port Angeles, probablemente.

Tess Gallagher y Raymond Carver

Tess Gallagher y Raymond Carver.

 

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Donde el agua se junta
con otras aguas

Me fascinan los arroyos y su música.
Y las regatos, en claros y praderas, antes
de tener oportunidad de convertirse
          en arroyos.

Puede que incluso los ame más
por su secreto. ¡Casi olvido
decir algo acerca de sus fuentes!
¿Hay algo más maravilloso que un manantial!
Pero también amo las grandes corrientes.
Y el lugar donde estas corrientes van a dar
          a los ríos.
y el lugar donde estos ríos se juntan con el mar.
El lugar donde el agua se junta
con otras aguas. Esos lugares se yerguen
en mi mente como lugares sagrados.
¡Oh esos rios costeros!
Los amo como algunos hombres aman a los
          caballos.
o a las mujeres con encanto. Para mi hay algo
en esas aguas frías y veloces.
Con sólo mirarlas la sangre se me encrespa
y mi piel siente un hormigueo. Podría
sentarme y mirar esos ríos durante horas.
Ni uno solo de ellos es igual a otro.
Hoy he cumplido cuarenta y cinco años.
¿Me creería alguien si afirmara
que una vez tuve treinta y cinco?
¡El corazón se me vació y marchitó a los treinta
          y cinco!
Tuvieron que pasar cinco años más
para que la sangre empezara a volver
a recorrerlo. Me quedaré el tiempo que me plazca
en esta orilla del río. Me place. Amar los ríos.
Amarlos en todo su curso hacia atrás
          hasta su fuente.
Amar todo aquello que me acrecienta.


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Fragmento del final

¿Y conseguiste lo que
querías en esta vida?
Lo conseguí.
¿Y qué querías?
Considerarme amado, sentirme
amado sobre esta tierra. 

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